“La cuarta avenida de Cafe” By Aliss-r-aleman – One Shot

“Te recomiendo el Capuchino… es delicioso y viene con leche”
Si quieres decir algo, dilo… yo no tengo el coraje necesario para mirarte a los ojos tanto tiempo…
“Tomi…”

 

 

NOTA: Disfruten del único capítulo. Y por favor, reproducen el video cuando se indique ;x;

 

 

By Aliss-r-aleman

 

 

Me sonrió
me cautivó por completo
“Búscalo ahora”
“stop”
¡¡mierda!!
No, mejor izquierda
“Te recomiendo el Capuchino… es delicioso y viene con leche”
¡¡Idiotaaaaaa!!
Quería probarlos
“Sueños del viajero perdido”
Mentira… cuando te veo, cuando nuestras miradas se cruzan,
todas las puertas se abren ante mí…
¿no lo conozco?
Si quieres decir algo, dilo… yo no tengo el coraje necesario para mirarte a los ojos tanto tiempo…
Es menor que yo.
Es bien conocido aquí.
Sólo para volverte a ver…
en el invierno de la ciudad
Tomi…
“bailaba en sus ojos”
¿acaso dije algo malo y no me percaté?
¿Bill…?
hasta nunca, mentiroso
olvídame
Le gustaba.
Quería besarlo de nuevo
Ése beso que marcó el inicio de mi historia de amor.
Y yo con él.
sus muslos
En todos los aspectos
su amor
la una con la otra.

 

 

:::::

 

 

Los días soleados comienzan igual. Las aves cantan, las bocinas también, ruidos de los pasos de gente acelerada por sus trabajos, por su vida estresada. Las autopistas son llenadas todos los días de unas máquinas con ruedas, donde la gente común y corriente las utiliza para recorrer la ciudad, para salir de ella, para matar, festejar, reír, llorar, incluso para amar. Todos los días las uso, y recorro exactamente tres avenidas, ellas son grandes y espaciosas, pero nunca llego a la cuarta avenida. La del café.

Toda mi vida ha sido así, contando con la parte productiva de ella. Desde que terminé la universidad, a mis cortos 21 años, empecé a trabajar de fotógrafo. La carrera de fotografía siempre había sido mi sueño y felizmente tuve el apoyo financiero y moral de lograrlo.

Una mañana, para ser exactos, a las nueve, desde el colectivo pude divisar a un muchacho, éste vestía con ropas oscuras, cadenas y con el cabello incluso más oscuro que el mismo abismo, eso puedo jurarlo. No sé exactamente qué fue lo que llamó la atención, pero no podía quitarle la vista de encima. Él se dirigía a la cuarta avenida de café. Estuve allí, sobre ruedas con la mirada todavía fija en él, hasta… que me miró a los ojos. Algo ocurrió en mi interior, algo estalló, sentí claramente que mi respiración no era normal e incluso se me olvidó hasta pestañear. Me había enamorado, y a primera vista.

Eso había pasado hace un mes, y me había sentido maravillado en todos los aspectos. No soy de las personas que se dejan enamorar fácilmente por un molesto saludo de alguien desconocido desde la acera o algo por el estilo, pero…

Volví a verlo en la misma intersección al día siguiente, y al siguiente y al siguiente. Pero ésta vez… desde la acera, me sonrió, levantó su mano derecha para darme un saludo pero por alguna razón las bajó nuevamente. Él se giró para adentrarse a la avenida. Juro que morí en vida. Una sonrisa no se le regala a alguien así sin más. ¿Quién manda al corazón para que deje de moverse tanto con una mirada? Una mirada que… me cautivó por completo…

Tuve que ir al trabajo, al regresar, volví a pasar por el mismo camino, para mi suerte, la ruta del colectivo era esa. Así que sin vergüenza, cuando pasamos por allí abrí la ventana y lo busqué con la mirada. Parecía un verdadero impaciente, eso era verdad, los buscaba por todos lados, pero todo sería mejor si bajase a buscarlo, haciendo funcionar mis tímidas y temblorosas piernas.

Dejé pasar la oportunidad y la cuarta avenida de café se veía cada vez más pequeña…

—Soy un imbécil

 

:::::

 

 

A la siguiente semana, recorrí el mismo trayecto, esperando volverlo a ver hoy, pero no fue así. Llegué al trabajo con una cara neutra y me dispuse a vaciar mi maletín, con fotografías de la semana pasada.—¡Tom! Necesitamos que nos traigas fotos de las mejores cafeterías de la ciudad. —Era Adelbert, el dueño de la revista, mi jefe, y el que me da de comer…

—Sí, Señor Adelbert, ¿para cuándo los necesita? ¿Es urgente?

—Sí Tom. Ve a la cuarta avenida de café y tráenos material de gente tomando obviamente su café. De preferencia que sea hoy. Tenemos que hacer una nota acerca del café en la ciudad y de los mejores locales para ir a beberlo.

Quería morir, como si el destino me restregara en la cara un enorme cartel con un “Búscalo ahora” escrito en él. Era mi oportunidad, lo buscaría y tal vez intercambiaría algunas palabras con él, si la suerte me acompaña…

—¿Pasa algo Tom?

—No Señor Adelbert, lo siento si lo preocupé, recordé algo… No se preocupe, descuide, el trabajo lo entrego mañana mismo.

Y me dirigí directamente a… esa intersección donde la cuarta avenida de café iniciaba… donde vi a mi muchacho. Estaba muy cerca de llegar, pero estaba seguro de que si lo hacía allí mismo, mis piernas no responderían, así que opté por bajarme unas calles antes. La pequeña luz de “stop” se iluminó dentro del vehículo y como si nada pasara en mi interior, me dispuse a salir de él. Fresco como… una lechuga.

Cuando mis pies tocaron al fin la gris acera, mi corazón empezó a bombear tanta sangre que, estoy seguro, mis mejillas ya estaban de un rojo intenso, incluso podía sentir mis orejas arder… ¡¡mierda!! La horrible maldición que me acompaña desde que tengo memoria, sí… era ella.

No sabía en cual cafetería podría encontrarlo… así que me decidí por ingresar una por una, comenzando desde la derecha. No, mejor izquierda.

Ese día amaneció completamente nublado así que un buen cafecito no me caería mal, incluso como estaba vestido en ese momento, sería un buen modelo de café en países completamente blancos por la nieve, pensaba en cualquier cosa se me viniera a la mente, tenía que lucir lo más calmado posible.

Ingresé, y una pequeña campanita se hizo notar en todo ese local, me sentí por un momento vigilado… como cuando llegas tarde a clases y todos tus compañeros voltean a verte con miradas carnívoras. Observaba falsamente interesado en aquella lista, que en la pared izquierda estaba alzada, buscando por algún café en voz alta. Mientras decía—: El americano se ve bien…

Te recomiendo el Capuchino… es delicioso y viene con leche. —Me giré ante la suave voz de alguien… si juzgásemos a las personas por su voz… diríamos que esta persona era sumamente cuidadosa, y en cuanto a las bebidas… se podía oír que no estaba nada perdido.

Una clara piel, unos ojos café caramelo claros y tan profundos, difuminados cuidadosamente por unas sombras oscuras, fue lo primero que pude ver, o que pude percatarme ya que… era él. Mientras una suave música jazz se dejaba escuchar en el fondo de la cafetería.

—Huele a cedro, ¿cierto?, mezclado con el aroma a café… es tan perfecto. Quisiera vivir aquí. —Yo… yo no sabía qué hacer o qué decir…

—Hola, mi nombre es William, pero puedes decirme Bill. —Y estrechó su mano derecha.

Me quedé mudo y me pateé mentalmente por eso, era una falta de cortesía dejar a alguien hablando con el aire, y yo, era un completo idiota…

—Hola, Tom, me llamo yo, fotógrafo, hace frío. —¡¡Idiotaaaaaa!! ¡En que idioma cavernal creciste!

—Hahaha, sí Tom, mucho gusto —tomando mi mano, que inmóvil seguía apuntando hacia el suelo de madera—, hace bastante frío, por cierto, ¿no quieres sentarte conmigo a tomar un café? —Su mano era tan suave, no quería despegarme de ella.

—Ok.

Definitivamente necesitaba clases de oratoria… mi corazón latía desbocado y torpemente casi me tropiezo al sentarme en la mesa, al lado de las enormes columnas que rodeaban las mesas, todas de cedro.

Él soplaba cuidadosamente el borde de su taza de Capuchino, y sus apetecibles labios se comprimían dejando así un exquisito camino de pliegues rosados con suave brillo marrón de café. Quería probarlos, y no despegaba mi mirada de ese delicioso y perfumado panorama.

Aquí tiene su Capuchino Señor. —La camarera me despertó de mi ensimismamiento

—Oh sí, muchas gracias. —Lo recibí y empecé a imitar a Bill. Soplaba la taza de café, y la volvía a colocar en la mesita. Hice eso como cuatro veces… y Bill se percató de eso.

—Hahaha. ¿Qué estás haciendo Tom? —Tomando una pequeña servilleta y colocándosela en esos labios…

—Hee… nada Bill, nunca vengo a tomar café aquí.

—Ya veo, yo puedo enseñarte a tomar correctamente el café, si gustas, claro.

—Hahaha… — sonreí mirando hacia mi taza.

—Oh siií, incluso puedo enseñarte acerca de todos los tipos de café. Hay unos muy deliciosos, existen los que tienen chocolate, los que llevan coñac e incluso los que llevan un cuarto de litro de aguardiente de caña. —Bill hablaba con tanto entusiasmo, incluso habiéndonos conocido ése mismo día, era como si tuviésemos años de amistad.

—Y dime Tom, ¿qué te trae por aquí?

—Soy fotógrafo, trabajo para la revista “Sueños del viajero perdido”, la que sale todas las quincenas de mes.

—Ohh, ya veo, esa revista tiene un estilo peculiar… ¿eres tú el que toma todas esas fotografías? —dijo Bill, mordiéndose notoriamente los labios… juro que si lo hace de nuevo, me le voy a ir encima…

—No, no todas Bill, verás… somos varios fotógrafos y obviamente nos asignan las mismas tareas a todos. El dueño es el que escoge de todas ellas y las mejores salen en la revista. —Tenía completamente toda su atención, dejó de tomar su café solo para escuchar y mirarme atentamente.

—¿Kaulitz? Ahora que lo recuerdo la semana pasada salió una nota acerca de los teatros en esta ciudad, y si no me equivoco, había una de un teatro detrás de una anciana… ¿era tu fotografía cierto? —Esa fue una de mis mejores fotografías… la tomé el mismo día, el día que lo vi por primera vez.

—Sí…

—Wow, vaya hahaha, soy tu fan, en serio eres realmente muy bueno. Te habrás inspirado en la majestuosidad del teatro y la humildad de esa señora, realmente te quedó muy bien.

—Sí, exactamente eso —Mentira, cuando te veo, cuando nuestras miradas se cruzan, todas las puertas se abren ante mí…

Seguimos conversando de muchas cosas, existía esa confianza, podía sentir ese detalle, ese ambiente flotando entre él y yo, como una pequeña burbuja, exactamente así, me sentía burbujeante. Con su bufanda rozando suavemente su mentón, no pude evitarlo y lo toqué allí. Truncando sus palabras.

—Lo siento, Bill… tenías una migaja. —No se me ocurrió otra cosa más y bajé la mirada.

—¿Una migaja? ¿De qué?, yo no comí nada… —Yo no tenía escapatoria, que cosa podría decirle…

—Este…

—¡Oh sí! Seguro fue ese caballero que ves en la ¿esquina?, puedes verlo… —Apuntando con su dedo, Bill se levantó del asiento y se acercó para juntar así nuestras mejillas—. El la esquina, hace media hora estuvo comiendo un alfajor en la puerta de la cafetería. Tal vez el viento no estuvo a mi favor hahaha. —Su sonrisa iluminaba mi mañana, ¿es posible que me haya enamorado de alguien a quien no conozco?…

Él seguía con su rostro pegado al mío hasta que de un suspiro, se dirigió a su asiento para quedar frente a frente nuevamente. Entonces dirigí mi mirada a la ventana, desde aquí podía ver el vehículo que me dirigía a mi trabajo y a mi casa. ¿Será que Bill también estuvo observándome todo este tiempo…?. Estuve así por varios minutos.

Podía mirar de reojo como Bill tomaba su café… mirándome. Si quieres decir algo, dilo… yo no tengo el coraje necesario para mirarte a los ojos tanto tiempo…

Ambos terminamos nuestros capuchinos… nunca había disfrutado tanto una bebida y con una persona que recién acababa de conocer. Estaba a punto de pedirle reunirnos otra vez, quería salir con él pero un ruido me hizo saltar en mi asiento.

El jefe llamó a mi teléfono celular para avisarme que las fotografías podía presentarlas hasta dentro de una semana, de alguna forma eso me alivió, ya que prácticamente no cumplí con lo que me había prometido a mí mismo… y a mi jefe por supuesto.

—Era mi jefe, hehehe, cosas del trabajo. Ha expandido mi plazo de entrega de material. —Levantando mis cejas varias veces.

—¿Tenías trabajo? Y yo retrasándote, seguro venías por café y te ibas rápido… Lo siento.í

—Oh no Bill… tenía que tomar fotografías de esta avenida. Haremos una nota acerca del café y de los locales que se encuentran aquí. —dije mientras él asentía con la cabeza.

—Tom, ¿podrías decirme la hora?

—Las… es casi la una de la tarde. Las doce y cuarenta y ocho de la mañana. —De un salto Bill se puso de pie.

—Oh no… papá me matará… Fue un gusto conocerte Tom. Espero volver a vernos, hehehe. —dijo esto extendiéndome su mano, la cual no dudé en tomarla rápidamente.

—El gusto es mío Bill. Y espero lo mismo.

Se dirigió al mostrador, saludó de beso a la cajera y dio un saludo alzando la mano hacia una puerta que estaba a medio cerrar. Es bien conocido aquí…

Regresó a nuestra mesa y dijo—: Fue un enorme gusto haber conversado contigo. Espero que volvamos a vernos. Yo siempre estoy aquí, todas las mañanas vengo hasta aquí y tomo café en esta avenida.

—Yo paso por aquí todos los días… pero comenzaré a tomar café —Sólo para volverte a ver…

—¡Sí! A que es delicioso, ehh… Nos vemos Tom —Y me besó la mejilla. Espera, ¿!me besó la mejilla!? Pude sentir una ligera tibieza provenir de su rostro cuando ambos tuvimos ese contacto… —Adiós.

Moviendo su mano caminó por lo larga de la cuarta avenida de café, y cuando estuvo a punto de girar a la derecha, Bill volteó su cuerpo y me sonrió, ése detalle, por más minúsculo que parezca, me derrotó. Me había enamorado. Y… me sentía tibio, en el invierno de la ciudad.

:::::

—¿Qué pasa Tom?, ¿tienes tarea incompleta que hacer para el colegio? —Otra vez, estábamos en la cuarta avenida de café.

—¡Cómo!, yo no estoy en el colegio Bill. —dije removiendo el café con una pequeña cucharita que Bill me alcanzó.

Era la primera semana y ambos nos tratábamos como dos compañeros de cuarto o de estudios, la química era inevitable, estoy seguro de que alguien más podía verla incluso a metros de distancia.

—¿Cuántos años tienes Tomi? —Si no escuché mal, me acaba de decir Tomi… definitivamente… escuché mal.

—Veintiuno, y recién cumplidos hace una semana. Y…

—Adivina cuantos tengo…

—Yo digo unos… ¿veintiuno también?

—¡Bah! Puberto, yo tengo veintinueve años, soy todo un hombre. Con esposa y dos pequeños gemelitos, ambos varoncitos, los amo con todo mi corazón, no sabes como amo cuando me dicen papi, todas las tardes al llegar a mi dulce hogar. —Dijo Bill engrosando exageradamente su tono de voz.

—¿¡En serio!? —No podía creerlo, él era mayor y yo era todo un mocoso a su lado, con trabajo recién salido de la universidad y… y…

—Hahahaha ¡la cara que has puesto Tom!, en serio lo creíste. —Bill soltaba pequeñas carcajadas cubiertas por unas servilletas, para después ser colocadas boca abajo entre su taza y la mía.

—¡Sí! hahaha —Tal fue nuestra risa que segundos después fuimos sorprendidos por unos ruidos por parte de las demás personas en la cafetería. Tuvimos que salir, casi corriendo.

—¡Hahaha, por Dios! ¡¡Jamás me habían botado de esa cafetería!!

—¡A mí tampoco! —Una vez afuera, arreglaba mi gorro, otra cosa no podía hacer, sentía mis manos inútiles, así que opté por hacer eso solamente, mientras seguía con mi sonrisa de idiota. Estar con él y compartir minutos de mi vida con él… era gratificante para mí. —¡Hey!, no me dijiste tu edad, me la debes.

—Tendré tu edad en dos meses… Vayamos al pequeño parque de la esquina, pero antes, espérame, compraré otro café del frente. No tardo. ¿Quieres uno?

—Sí, por favor. —Y se dio media vuelta, dirigiéndose a esa otra cafetería. Lo veía caminar, posicionando un paso después del otro, con ese enorme sacón que llevaba, esa bufanda y esas botas. Es menor que yo.

No tardó mucho, la verdad era que ya extrañaba no ver su blanco rostro frente al mío, los minutos sin él eran eternos y fue como caer a un abismo, tocar el fondo. Estaba yo, en medio de la cuarta avenida de café, con él a pocos metros, habíamos intercambiado palabras y… al parecer era mutua la conexión. Ese pequeño destello en sus ojos que te indica que estás en el lugar correcto, en el momento correcto, con la persona correcta… Si me ofreciesen millones de euros por intercambiar algún lugar del planeta con el mío, no lo pensaría. En esos momentos era una persona completamente feliz. Deseaba que el tiempo se detuviese sólo para los dos.

—¡Lo siento! Tardé algo… El muchacho demoró un poco en atenderme, estaba algo nervioso y se le derramó el café cuando me atendió. —Se acercó caminando lentamente, sacándome de mis pensamientos bajé la mirada del cielo y posicioné mis ojos en los suyos… tan caramelo—. Ten.

—Gracias. —Mirando el enorme vaso desechable, bajé la mirada, olí profundamente el olor de café recién servido y seguidamente sople un poco de vapor.

—Uhh… no Tom, así no se hace, mira te enseñaré. Vamos ahora si a esas bancas de la esquina. —Y nos dirigimos allí. El caminaba a la par conmigo, tarareando una melodía que me pareció muy familiar. De algún lado debí escucharlo.

 

*PLAY*

—¿Es una canción famosa? —pregunté. Conversar de lo que sea con él, me agradaba.

—Mmmm… Sí, más en Asia que acá, ciertamente. Pero la escucho siempre en la cafetería que nos botaron la semana pasada, por cierto. Hahaha.

—Hahaha… pero es linda, continúala por favor.

—No sé muy bien el japonés, así que si digo algo raro, no te rías, por favor. —Dijo, fingiendo indignación, robándome sonrisas tontas en el proceso —. Mejor la tarareo.

—¿Sabes de qué trata al letra de esa canción? —Pregunté al momento en el que buscamos una banca libre y limpia de excremento de ave también.

—¡Esa! —Señalando una bajo un árbol que ya casi no tenía hojas—. Trata de un joven, que está aún está enamorado de alguien. Lo recuerda en cualquier lado al que va, incluso puede recordar vivamente como “bailaba en sus ojos”. Al parecer rompieron esa relación y es sólo uno el que extraña al otro… —Me lo explicaba, como si él lo hubiese vivido.

—Que triste… —Dije sin pensar.

—Nahh, es tonto, él debió olvidarla también. Pero es una canción, no llores Tom… hahaha—Palmeándome el brazo derecho, moviendo un poco mi vaso de café —Uhh, cuidado que te quemas.

—Hahaha, no, descuida ¡Y no estoy llorando! —Y él empezó a tararearla, tenía muy buena voz, pero ya no me agradaba, ahora me gustaba, más. —Te la sabes de memoria… la tarareas igual —Dije, perdido en su melodiosa voz.

—Mmmm, es que voy a ese café todos los días. —Posicionando juguetonamente su dedo índice sobre mi vaso, lo que hizo que mi corazón acelerase su ritmo. Y tanto que me costó relajarlo…

De repente un incómodo silencio se posicionó entre nosotros, todo era sonrisas y conversaciones ligeras hasta este momento, ¿acaso dije algo malo y no me percaté?. Él miraba sus manos una vez que dejaba de tomar de ese café… hasta que un poco de espuma se quedó impregnado sobre sus labios, dibujándole un hermoso bigotito.

—Ohh, Bill tienes bigote y bien delicioso. —dije entre pequeñas carcajadas.

—¡Oh! Chispas. —E hizo lo impensable. Me descolocó y… está vez no podía dejar de parpadear. Con su traviesa lengua se limpió el rastro de café, pasándolo desde un extremo de sus labios hasta al otro. Remojando completamente la comisura de éstos. Hasta que recordé que no había tomado ninguna fotografía y el plazo caducaba en dos días.

—Bill… tengo trabajo.

—¿Te vas?… Este… ¿tienes que irte ya? Ok… adiós Tom. —Y me extendió su mano derecha.

—Oh, no Bill… siéntate hehehe. Verás, soy fotógrafo y pues, ciertamente me mandaron aquí para tomar fotografías del lugar… —Le dije mientras volvía a su sitio. Y pude notar un poco de tristeza en su semblante… ¿Bill?

—¿Entonces?… Hummm ¿Quieres que te ayude?

—Ohh, Bill eso sería genial. Puedes quedarte quieto, no molestaré, ignora la cámara por favor. —Y enseguida saqué la cámara de fotografía de su estuche y me la coloqué rápidamente en mi cuello—. Listo.

—No, no, espera Tom. ¿Vas a fotografiarme? —Dijo tan rápido que apenas y pude entenderlo. Bill se cubría el rostro con su mano libre. —No… —en un quejido

—No Bill, solo utilizaré apenas una pequeña porción de tu hombro, quiero una toma de ese café marrón del fondo —dije señalando con mi dedo— y creo que como lo estoy visualizando… se verá bien, ¿Qué dices?

—Ahh… Está bien.

—Y bien Bill, ¿qué harás cuando tengas que irte?, ¿tienes planes para hoy? —Pregunté mientras enfocaba el café. Después enfocaba su hombro y desenfocaba el local. Y por último fotografié su rostro… y sonreí, como cuando un niño recibe su primer dulce.

—Creo que iré a la biblioteca a leer un poco. ¿Por qué ríes? ¿Captaste algo gracioso? ¿¡Dónde!? —Volteando su cuello cubierto por la bufanda buscaba a alguien con zancos, con monociclo o por último, algún payaso. Cuando regresó a posar su mirada en mí, esa bufanda se dejó desvanecer, dejándome ver su igual blanca piel de su cuello, y esa manzana que despertó en mí las ganas de besarla…

Pasamos cerca de dos horas haciendo lo mismo, él sin darse cuenta estaba dándome fotografías hermosas, y yo como un maldito malcriado, no le avisé de eso. En total tomé cerca de treinta y seis fotografías, de las cuales, sólo siete eran realmente de locales de café.

—¿Podrías mostrarme algunas fotos? —Estaba perdido…

—Humm… —Bill enchinó los ojos.

—Ahm… ¿qué hiciste? —Ya, era oficial, mi cara me delataba y ya estaba del todo ruborizado—. ¡Tom! ¡Me fotografiaste!…

Bill me quitó la cámara digital de mi cuello y visualizó cada una de las fotografías… no sé qué cosas se le habrán pasado por la cabeza, pero… su semblante pasó de un indignado y sorprendido a uno de timidez y ensimismamiento.

—Tom… —levantando la mirada, chocando con mis ojos y mi sonrojado rostro.

—No digas nada Bill… las borraré, creo que ya tengo que irme. —Me levanté rápido, le arrebate la cámara y…

—¡No Tom, espera! —Bill se levantó de la banca también, cogiendo mi brazo izquierdo, algo iba a decirme, tal vez un hasta nunca, mentiroso. —No te vayas…

Mi rubor y mis ganas de huir de ese momento me obligaron a bajar la mirada. Bill se había percatado de mis sentimientos, yo estaba enamorado de él y curiosamente él ya lo sabía. Y no precisamente porque yo se lo haya dicho.

—Yo… —Iba a decirle una tontería, algo como olvídame, pero unos dedos me callaron, sus dedos estaban presionando mis labios.

Bill tenía una mano cubriendo su boca y la otra, la mía. No sé como nos acercamos tanto, pero quedamos a pocos centímetros. No dijimos nada, no hacía falta. Pronto Bill acercó su boca a la mía y yo, lo tomé de la cintura.

Fue un beso, y con los ojos entreabiertos pude ver como los suyos estaban muy cerrados y sus cejas se movían un poco de rato en rato. Le gustaba.

Un suspiro entre el beso por parte de mí, hizo que Bill entreabriera sus ojos, encontrándonos con la mirada. Separamos los labios lentamente sin hacer ningún ruido. Nos miramos por un buen rato aún sin decir nada, nuestros corazones ya hablaban por sí solos, en su íntimo idioma…

Bill no dejaba de relamerse los labios, quería besarlo de nuevo. Hasta que sonrió y fue él el que bajó la mirada y pateó una pequeña pierda que había visto nuestro primer beso. Ése beso que marcó el inicio de nuestra historia de amor.

:::::

Pasaron los días, las semanas y los meses. Habían sido seleccionadas siete de las fotografías que tomé esa tarde y en dos salía mi niño, mi Bill.

Al inicio le incomodó un poco, pero después se acostumbró. Bill ahora tenía trabajo de modelo, mi amor posaba para diversas revistas y aunque le habían propuesto más dinero por un tipo de sesiones más subidas de tono, él las rechazó todas.

Su proyección del arte no involucraba temas netamente sexuales, y yo respetaba eso. Para él, esos eran asuntos completamente íntimos, de los cuales, sólo los compartía conmigo. Y yo con él.

Hoy lo invité a comer a mi casa, hoy cumplíamos exactamente seis meses de noviazgo y por mutuo acuerdo, ambos decidimos cocinar ensalada de verduras. Yo compré la betarraga y mi niño, la zanahoria y las patatas.

Ya estoy a una calle de tu casa… espérame, cuenta hasta… ¡veinte! —Y así lo hice, aún con el teléfono celular en mi oreja, hasta que sentí el timbre. Abrí la puerta y fui recibido por un beso por parte de Bill, cayéndose la bolsa de zanahoria y patatas en el piso de la sala.

Hace tres días que no nos veíamos, yo tenía trabajo y mi Bill también. —¡Te extrañé! —Me dijo entre el beso.

—Yo también, amor, recojamos las verduras… —Y de un ligero lengüetazo que me robo una sonrisa, se despidió de mi labios.

Pusimos a hervir las verduras y las patatas. Mientras el arroz se cocinaba en la olla arrocera. —¿Cuánto falta?

—Según la caja… catorce minutos… podemos hacer muchas cosas en catorce minutos… ¿no?

—Ahhh… sí, la verduras ya están, pelémoslas. —Su ligero nerviosismo hizo que mi corazón y mi estómago se dieran una vuelta completa. Retiramos las verduras y comenzamos a pelar, quemándonos las yemas de los dedos en el proceso.

—¡Auch! Tomi, no puedo. Mira mis uñas están… ¡fuxias!

—Hahaha, déjame ver. —Tomé uno de sus dedos y sin pensar me lo metí en la boca… succionando y sin dejar de mirar sus ojos caramelo.

Lo demás es historia. Allí mismo en la cocina, para ser exactos, en la repisa de mayólica fría, cargué a Bill y lo posicioné allí, sólo para facilitar un poco lo que estábamos a punto de hacer. Nos besábamos con desesperación, mientras él pasaba sus fuxias manos por debajo de mi camiseta, dejando un íntimo camino de colorido amor.

Después de todo, quedamos manchados con betarraga, los rostros, el cuello y también, por que no, los muslos… sus muslos y una que otra parte también. Apretó tan fuerte mis manos y yo las suyas, el arroz ya estaba listo y nosotros estábamos acabando.

Después de un rato ya estábamos preparando las cremas —¿Cómo se hace la mayonesa?

—¿Vas a querer con mayonesa? —pregunté.

—Hummm… sí, hace mucho que no la como, —me dijo esto besando la punta de mi nariz mientras yo le tocaba el trasero, jamás pensé que haría eso…

—Saca un huevo y un limón.

—¡Listo!

—Viértelos en la licuadora… por favor, Chef William.

—A la orden ¡Señor! —Una vez surtido todo, fuimos a comer a la habitación porque… nos era más cómodo. En todos los aspectos.

Y nos desaparecimos del mundo por cuatro días seguidos.

:::::

Faltaba un día, pero ambos no podíamos esperar, hace una semana que no habíamos hecho el amor y… su piel ya estaba tan caliente. Al igual que la mía.

—Ámame… —dijo mi pequeño, en un suave susurró que se perdió en la oscura habitación. Las delgadas líneas de iluminación que sus persianas dejaban entrar, me dejaron ver como sus carnosos labios se movían impacientes, susurrando algo inaudible—. Tom…

—Quiero que este primer año termine así… Voy a hacerte el amor, mi niño. —Y Bill recostó su frente encima de la mía mientras soltaba un suspiro, dejándome sentir su amor.

—Quiero respirar de tu aliento… quiero… quiero que me hagas tuyo —dijo esto pasando la punta de su nariz por todo mi rostro—. Y… quiero que termines en mí…

Y así fue, lo hicimos como nunca, ambos terminamos en un sincronizado orgasmo que nos pegó a los dos. Tuve que sujetarlo fuertemente porque podía sentir como mi niño se elevaba más y más a cada segundo, como si flotara, entonces él enterró sus largas uñas dejándome pequeñas marcas en la espalda. Pasaron apenas unos segundos y los dos tratábamos de normalizar nuestras respiraciones, había sido el orgasmo más largo de los dos, incluso podía sentir como mi corazón palpitaba tan fuerte que hacía que todo mi cuerpo se moviera con él… también podía sentir el suyo, pegado a mi pecho.

Dejé de presionarlo con mi peso y me recosté a su lado, mirando el techo y acariciando sus cabellos negros. Él no dejaba de respirar sonoramente, aún le costaba normalizar su respiración.

Tomó mis manos y las entrelazó con sus dedos, y así nos quedamos, como la sombra del otro. En donde ambas siluetas encajan perfectamente la una con la otra.

—¿Dónde quieres… celebrar nuestro primer… año… amor? —No me importó que mis pulmones aún no se recuperaran… Bill giró sobre su espalda y suavemente posicionándose sobre mi pecho, se acercó a mis labios. Y con los cabellos pegados a su frente me dijo finalmente en un susurro—: Vamos a la cuarta avenida… de café.


3 Comentarios para “La cuarta avenida de Cafe” By Aliss-r-aleman – One Shot

  1. awwww lo ame!!
    te quedo hermoso!!!
    ^^

    simplemente perfecto!!
    <3
    sigue asi….

  2. feña!

    wow es….me quede sin palabras….esta hermoso y me lo imagine como una pelicula. leyendo todo con mucho cuidado e imaginandomelo al pie de la letra….. *-*

  3. PRECIOSO, LO DIGO EN SERIO, PRECIOSO.

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