Se miró una vez más al espejo y le sonrió a su reflejo, porque estaba mucho más que satisfecho por lo bien que se veía. Se pasó una mano por el espeso y sedoso cabello largo y oscuro, mientras cantaba al mismo tiempo que una vieja grabadora que estaba en una esquina de la habitación. El aroma a perfume, aquel que él le había regalado hacía ya varios meses, se sentía en la habitación.
Todo él destilaba seducción, y es que tenía que ser así.
Sabía lo que le esperaba esa noche. Dos cosas.
La primera era algo que seguramente iba a dejarle un poco deprimido por un largo período de tiempo. Es una lástima que ciertas cosas no duren para siempre, pero no importaba, sabía que los dos iban a recuperarse. Lo segundo que ocurriría era algo que iba a disfrutar, quizás demasiado, y era el motivo por el cual se había arreglado tanto.
Estiró la mano para tomar su teléfono y buscó en su bandeja de entrada, hasta que dio con el mensaje que le había llevado a cambiar todo en su habitación para poder crear cierto ambiente seductor.
El mensaje leía un: Tenemos que hablar, urgentemente, creo que ya sabes sobre qué. y claro que lo sabía.
Llevaba más de año y medio en una relación que se había tornado en algo un tanto rutinario y que si bien aún disfrutaba de los momentos compartidos, ya no todo era como al principio. Quizás ya no había la misma cantidad de afecto o interés por parte de ambos, o tal vez por mucho que los dos se conocían tan bien y se complementaba, simplemente no estaban hechos el uno para el otro.
No quería pensar tristemente en esto.
En vez de verlo como el final de algo, quería concentrarse en la oportunidad que se presentaba, en el hecho de que ahora podría vivir otras cosas que antes, por el compromiso de estar en una relación, no debía hacer.
Ya no más eso.
Le sonrió a su reflejo y miró de nuevo el reloj.
Eran las ocho de la noche, y él había respondido el mensaje pidiéndole a su pareja que se encontraran en su departamento cuando él saliera del trabajo. Lo había hecho porque sabía que Tom trabajaba más horas que él y eso le daba el tiempo necesario para poder haber planeado todo y poderlo preparar.
Se levantó de su asiento y se miró de arriba a abajo, lucía más que bien. Su cabello alaciado y largo, negro. Se había maquillado enfatizando la belleza de sus ojos, sus largas pestañas, y se había vestido usando ropa ajustada, de esa que deja muy pocas cosas a la imaginación.
Estaba conforme con el resultado, y sabía perfectamente bien que no era el único que estaría conforme.
Eso sí, no podía negarlo para nada, que estaba más que un poco nervioso, y no sabía cómo iba a sobrevivir ante Tom. Porque si bien estaba actuando como alguien fuerte ahora, seductor y con ganas de al menos una despedida apropiada, iba a sufrir.
No es tan fácil simplemente cortar de raíz algo así, no cuando la relación había durado tanto tiempo y se habían amoldado ya tanto el uno al otro.
Tras una última mirada al espejo, escuchó el sonido del timbre y su corazón latió un poco más rápidamente. Se calmó un poco, ordenándole a su cuerpo a actuar tan normal como de costumbre y a sus sentimientos a mantenerse siempre en calma.
Salió de la habitación y cruzó el pasillo a pasos rápidos, cuando abrió la puerta, frente a él estaba un alto sujeto, un poco más alto que él, quien lucía bastante cansado pero que le regaló una media sonrisa, tranquilizante.
Le dejó entrar aún con el corazón latiéndole acelerado, y por mucho que quisiera tranquilizarlo, no podía. La simple presencia de esa persona le afectaba demasiado, se preguntaba por qué demonios era entonces que las cosas no iban tan bien entre ellos dos, porque de repente un abismo parecía haberse interpuesto entre los dos.
—¿Quieres tomar algo?
Una negación y un suspiro.
—Te ves bien —fue lo primero que dijo Tom esa noche y dio un paso hacia Bill, después retrocedió, como si lo hubiera pensado bien y se diera cuenta de que no estaba ahí para eso.
Ladeó la cabeza y asintió.
No iba a decir gracias, sólo sonrió ampliamente, mostrándole sus dientes blancos a quien aún era su pareja.
—Y, ¿qué es lo que quieres que hablemos tan urgentemente? —interrogó, inflexionando su voz para darle un tono bastante curioso, como si realmente desconociera lo que estaba por suceder, a pesar de todas las señales que se le habían estado presentando.
El otro hombre también sonrió.
Reconocía lo que Bill estaba haciendo, porque así de bien lo conocía.
Se acercó un poco más y le rozó el brazo con la yema de los dedos, suavemente, tan suave que el moreno sintió un escalofrío recorrerlo por completo y se inclinó un poco hacia Tom, para permitirle tocar más, darle el permiso que el otro no necesitaba.
—Sabes muy bien qué es lo que tenemos que hablar —había acortado tanto la distancia que las palabras acariciaron la piel del cuello del moreno, le regalaron un segundo escalofrío de placer, al sentir el aire tibio dibujando caricias sobre su piel, haciendo que los vellos de su piel se erizaran—. Lo sabes muy bien.
Su mano se cerró alrededor de la muñeca delgada de Bill, fuertemente, y el quejido que brotó de la garganta de su pareja, no fue precisamente uno de dolor.
—¿Estás seguro? —quiso saber.
Necesitaba saberlo, que Tom realmente estaba ahí para cerrar un capítulo de sus vidas, si la respuesta a su pregunta era un sí, encontraría en una buena sesión de sexo de despedida, el confort necesario para poder seguir adelante.
Al menos, podía llevarse de consuelo el saber que no era el único que no estaba pasándola nada bien en el plano emocional.
—Es lo mejor —murmuró el otro, su boca finalmente se posó sobre la de Bill.
Fue un beso que era necesario para ambos, y que disfrutaron y al mismo tiempo odiaron. El primer beso de la última vez. Sonaba un poco deprimente, pero lo que estaban a punto de vivir iba a ser lo suficientemente emocionante como para restarle un poco de melancolía a la noche, o quizás los sentimientos fueran a estar a flor de piel.
Ya todo se vería.
El beso se tornó un poco violento en el momento en que Bill decidió que morder el labio inferior de Tom, hasta hacer que sólo un poco de sangre brotara, era necesario.
Pero no hubo ninguna queja, es más, eso como que motivó a Tom a acorralar a Bill contra la pared y apretarlo con ímpetu entre sus fuertes brazos, hasta hacerlo sentir como si estuviera a sólo un paso de fundirse con él. El abrazo fue tan intenso que la ropa y la piel les estorbaba, por eso mismo para sentirse aún más cerca, de ser posible, abrió las piernas y con un poco de ayuda, se apoyó en el cuerpo que le sujetaba y en la pared tras él y se alzó un poco para poder rodear con sus piernas la cintura del otro.
Agradecía la complexión del cuerpo de Tom, su gusto por ejercitarse, para que le pudiera sostener con una facilidad asombrosa al mismo tiempo que seguían besándose y tocándose un poco frenéticamente, mientras se separaba de la pared y empezaba a caminar a la habitación donde muchas veces habían estado juntos.
La fricción tuvo que detenerse, porque de lo contrario seguramente terminarían en el suelo y de ahí no se levantarían, porque el deseo era demasiado y ambos estaban bastante dispuestos para concluir sus actividades donde fuera.
Les costó un poco abrir la puerta, porque Bill jamás pensó que así de rápido terminarían yéndose a la cama. Creyó que primero vendría la conversación y que después él pediría una despedida, incluso pensó que tendría que convencer a Tom.
Que bueno que se había equivocado.
Sintió que sus pies volvían a tocar el suelo y se sonrojó sólo un poco cuando vio como el otro observaba la habitación con mucho interés, apreciando todos los detalles, como la habitación olía al perfume que le gustaba oler en su cuerpo, el color rojo de las sábanas y después vio como le observaba a él, de pies a cabeza.
—¿Tenías todo preparado?
Un movimiento afirmativo.
—Aunque pensé que me costaría un poco convencerte —admitió en voz alta y arrugó la nariz, como si decir aquello no le gustara—, ya sabes, considerando que vienes aquí para terminar conmigo.
La media sonrisa de Tom le irritó un poco y al mismo tiempo le pareció de lo más atractivo así que acortó de nuevo la distancia y el segundo beso fue igual de intenso, un choque de labios y dientes y mordidas que dolían tanto pero que ninguno de los dos realmente se quejaba de ellas. Estaban atrapados en el momento, en el éxtasis y el frenesí.
Se abrazaron, sus cuerpos se rozaban y se frotaban uno contra el otro y Bill quería de una vez por toda hacer desaparecer con el mismo pensamiento la ropa que estaba vistiéndolos, y ¿para qué demonios tenía tantas capas de ropa en el cuerpo si lo único que quería ahora era que su cuerpo recibiera de una vez el cuerpo de Tom?
Tom emitía un calor adictivo que le hizo apartarse un poco, sólo lo suficiente para empezar a levantarle la playera, para poder sacársela. Tuvieron que batallar un poco con la camisa de Bill, los muchos botones de ésta que parecían una especie de castigo para Tom, por atreverse a dejarle.
—¿Estás seguro? —quien preguntó ahora fue Tom, tenía sus manos en el cinturón de Bill, estaba a un paso de conseguir despojarlo por completo de la ropa, pero no quería sentirse culpable cuando el sexo terminara.
La respuesta del moreno fue apartar las manos que estaban en su pantalón y él mismo se desvistió por completo.
Extendió ambos brazos y sonrió.
—Estoy seguro, ¿a poco tú no?
El tono, un poco arrogante, estaba ahí para contrarrestar cualquier otra posible emoción que quisiera colarse en el tono de su voz. Estaba siendo bastante fuerte hasta el momento, y es que una parte de él comprendía a la perfección que lo único que quería del otro en ese momento era su cuerpo.
Se lamió el labio y recibió a Tom, quien casi se lanzó sobre él y le besó con ganas, con todo el deseo que Bill despertaba en él. Fue un beso húmedo y prolongado, sus manos recorrían el cuerpo del moreno por completo, mordía, lamía y dejaba huellas en aquel cuerpo que al día siguiente ya no le pertenecería.
El otro no parecía muy molesto con la idea de quedar marcado, quizás porque él estaba haciendo lo mismo, sus uñas dejando marcas en la espalda del mayor, y sus dientes clavándose en el hombro derecho de Tom, para dejar una perfecta marca de éstos.
No había mucha finura o elegancia en los movimientos de ambos, había más bien una desesperación, las ganas de querer abarcar demasiado y la sensación de que el tiempo se les escurría de las manos y por eso mismo lo único que podían hacer era apretar, morder y gemir fuertemente.
Esa última escena de ellos dos, contorsionándose en el placer, fusionando sus cuerpos y alcanzando juntos el clímax, era lo único que buscaban conseguir ambos. Por eso mismo continuaban dibujándola.
Los gemidos agudos de Bill contrastaban mucho con los gruñidos roncos de Tom, quien separó las piernas del otro lo suficiente como para poder acomodarse entre sus muslos y estar cómodo, iba a besarle cuando de un súbito movimiento se encontró boca arriba con el moreno sobre él.
—Después de todo, sigues sin comprender que quien manda en esta habitación soy yo —murmuró seductoramente mientras lamía el hombro de Tom, quien sintió como un escalofrío le recorría por completo todo el cuerpo—. Aquí se hace lo que yo quiero… y lo que quiero en este momento es probarte por completo, por última vez.
Un asentimiento.
¿Quién en su sano juicio iba a negarse a semejante petición?
—Hazlo.
Una negación y una risa.
—Lo que yo quiera…cuando yo quiera.
Besó el cuello de Tom con una lentitud que le irritó un poco, pero sabía que lo mejor aún estaba por llegar, sintió como los dedos traviesos de aquella pálida y delgada mano, se deslizaban sobre la superficie de su abdomen y se dedicó a disfrutar el cosquilleo que producían, aquella sensación placentera que hacía que los vellos de su piel continuaran erizándose. Los besos suaves y que apenas rozaban su piel empezaron a descender, insoportablemente lentos, se detuvieron unos instantes en su pecho y luego a la altura del abdomen, donde la lengua de Bill salió para saludar la piel salada de su cuerpo, que empezaba cubrirse de una capa fina de sudor.
—Más abajo —murmuró.
Y Bill obedientemente bajo hasta la altura de sus muslos, donde depositó una mordida y se rió contra la piel de Tom.
—¿Más abajo? —preguntó, coquetamente.
Esta vez, el otro también rió y sacudió la cabeza.
—No tan abajo, ya sabes que es lo que yo quiero…
No pudo seguir hablando, porque en ese momento, Bill lo sujetó y empezó a estimularlo con la mano mientras sus ojos no dejaban de observarlo fijamente. Era un momento bastante hipnótico, los ojos castaños no aparándose de los suyos y aquella habilidosa mano haciendo un espectacular trabajo.
Si una relación pudiera sobrevivir sólo con sexo, sexo y más sexo, estaba seguro que él y Bill jamás tendrían ningún problema y ninguno de los dos pasaría mucho tiempo vestidos o siquiera fuera de la habitación.
—Dijiste que querías probarme por última vez…
—Aún no considero que estés listo —respondió el menor con una sonrisa de lado, pero se acercó un poco más y rió cuando el otro pareció contener la respiración, esperando a que Bill hiciera algún movimiento.
Pero no lo hizo, esperó un poco más, un par de movimientos de su muñeca y después finalmente se inclinó lo suficiente para que su lengua estableciera contacto sobre aquella extensión del cuerpo de Tom.
El calor de la piel del miembro de Tom se sintió bien contra su lengua y se entretuvo un buen par de minutos lamiendo, succionando y simplemente disfrutando de tener el completo control de lo que estaba sucediendo en esa cama.
Tampoco recordaba ninguno de los dos muy bien en qué momento, las posiciones volvieron a revertirse, pero así fue y de repente Bill estaba sobre la cama, con la respiración entrecortada y el cabello despeinado, las piernas abiertas y un hombre entre ellas que estaba preparándole meticulosamente, tres dedos en su interior que zigzagueaban para ayudarle a acostumbrarse a la futura intrusión.
Se mordió el labio para no seguir gimiendo.
Se sentía un poco sucio por estar haciendo eso, pero la satisfacción era tanta y su cuerpo realmente lo necesitaba.
Cuando Tom entró en él, fue una sensación deliciosa, la presión, el calor y la cercanía, aquellas manos firmes y fuertes sujetándolo con fuerza y aquel cuerpo torneado buscando hogar en el suyo.
El placer le recorrió por completo y lo único que pudo hacer mientras todo su cuerpo se mecía al ritmo que imprimía el cuerpo de Tom, fue responder a las estocadas del mayor, quien parecía que se enterraba más y más en él.
Por un momento, cruzó por la mente de Bill que quizás las cosas podrían tener solución, y luego se recordó que las cosas habían estado mal y que los dos se merecían algo mejor. Puro sexo no hacen una relación.
Unos cuantos movimientos más, besos y caricias y Tom ocultándose en el cuello de Bill.
El orgasmo les llegó a los dos casi al mismo tiempo.
Qué buena forma de terminar.
Abrió los ojos hasta el día siguiente, estaba solo en una enorme habitación que olía a sexo. Se frotó los ojos con fuerza y se sentó en la cama, la luz estaba apagada, pero la cortina estaba entre abierta y por ahí se filtraba un poco de claridad, la suficiente para que pudiera distinguir la nota que estaba al lado de la cama, sobre el pequeño buró, al lado de la lámpara.
Tom:
Muchas gracias por lo de ayer, sé que no era a lo que venías, pero no podrás quejarte de un mal servicio. Te dejé todas tus cosas en una caja en la sala, puedes prepararte algo para desayunar antes de irte. No olvides dejarle mis llaves a Andi, ya él tiene instrucciones mías.
Seguimos en contacto.
Se frotó los ojos de nuevo y se rió.
A partir de ese momento, los dos empezarían de nuevo.















me recontra encanto :3
ooommgg estubo geniial!!:D