Disfraces
Para Bill era como estar en el paraíso, sentir como su hermano lo sujetaba de la cintura con firmeza mientras se permitía rozar la mejilla tibia del pelinegro con su nariz en una caricia suave, casi irreal, que envió un placentero sentimiento por todo su cuerpo, haciéndole sentirse además de deseado por su hermano, aceptado.
Sabía que se había arriesgado demasiado, pero no tenía nada que perder, porque sabía que lo peor que podía suceder fuera que su hermano una vez más le diera la espalda a sus sentimientos y a sus impulsos, pero eso no iba a hacer que su hermano dejase de amarlo. No era posible, lo sabía. Así como también sabía que el amor que él experimentaba hacia su hermano estaba destinado a vivir la misma cantidad de tiempo que él.
Probablemente el amor de Tom también iba a tener la misma longevidad que la vida del guitarrista.
Era eso lo que le había dado el valor de pedirle a su asistente que le comprara ropa de mujer, y aunque la mujer le había observado con fijeza, confundida, no había dicho nada al respecto y simplemente había hecho la compra.
Ahora vestía ropa de mujer, un muy coqueto vestido azul de delgados tirantes, que se ajustaba a su torso y resaltaba los senos falsos que había conseguido con un bra relleno con almohadillas, el vestido tenía una cinta azul en la cintura que se amarraba en la parte de atrás, formando un pequeño moño delgado.
El vestido llegaba a la altura de sus rodillas, con un corte un semi circular.
Otro toque más, para su femenina apariencia, eran los zapatos de tela blancos, con una muy linda flor en el centro, al frente. Planos, porque si usaba tacones, se vería mucho más alto que Tom, y ésta no era la apariencia que quería conseguir.
Su cabello estaba completamente lacio, cubriendo parte de su rostro, que estaba ligeramente maquillado, sólo tenía base, un poco de rubor, muy leve y una sombra de ojos de un color azul celeste.
Sus labios simplemente tenían brillo.
No quería la misma apariencia de vampiresa que tan bien le quedaba, porque ahora estaba interpretando el papel de una chica… no del mismo tipo de groupies que su hermano siempre conseguía, sino un tipo coqueto, sin ser vulgar, que llamase la atención de su hermano.
Y hasta ahora, todo parecía estar funcionando.
Tom no lo soltaba, sus manos parecían haberse pegado a su estrecha cintura y su nariz seguía acariciando su cuello, con mucho afecto, con tanto cariño que el otro joven se sentía derretir entre los brazos de su hermano.
—Sabes que no podemos, Bill —susurró Tom, a su oído.
Sin embargo no se movió para romper aquel estrecho abrazo, y Bill enroscó sus brazos alrededor del cuello del rubio.
—No soy Bill, te lo dije —repitió, tan tercamente como sólo él lo era, mientras permitía que sus manos acariciaran el cabello de Tom, enredándose en las rastas mientras las jalaba suavemente, y permitía que sus labios se posaran en el cuello de Tom.
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