Capítulo 3
Mi cabeza estallaría de un momento a otro y sentía mi pómulo y ojo arder. Intenté abrir los ojos pero solo me obedeció el derecho. Todo estaba oscuro y me encontraba en el sótano de mi casa. Tenía los brazos dormidos a causa de que estaba maniatado por encima de la cabeza. También mis piernas permanecían atadas. Me aclaré la garganta e intenté estirarme ya que todo mi cuerpo estaba entumecido. ¿Cuánto tiempo llevaba ahí? Recordé la noche anterior cuando detuve a Tom, el cual me había… ¿Secuestrado? ¿En mi propia casa? Sin duda si el cuerpo de policía se enteraba de esto, los decepcionaría sin duda.
Un abrir de puerta me sacó de mis pensamientos y agucé la vista de mi ojo derecho y mis oídos distinguiendo entre la oscuridad una figura que se acercaba. De repente se detuvo y se agachó para ponerse a mi altura aprovechando un pequeño rayo de luz que entraba por una ventana diminuta.
- Hola poli… -saludó sonriente- ¿Cómo has dormido?
No le contesté-
- Supongo que tendrás hambre… -objetó examinando mi cuerpo., No te preocupes, ahora te traeré algo…
Lo miré con odio y mi tripa rujió hambrienta haciéndome quedar mal, a lo que él rio gravemente.
- Tendrás suerte, acabo de hacer mi comida y la tuya te la traeré calentita…
- Muérete… -susurré con odio-. ¡La policía se enterará de esto! –grité con impotencia-
- Oh… de eso quería hablarte… -se sentó cruzado de piernas frente a mi manteniendo la suficiente distancia como para evitar que le lanzara una patada-. Les llamé diciendo que soy tu primo y que te encuentras malo con gripe o un virus extraño, dicen k no tienen ningún problema en darte la baja… tu querido jefe dice que te hecha de menos y que te mejores… -dijo tranquilamente -.
- ¿¡Pero como te atreves… ?¡ -le lancé una patada que nunca llegó y mi sangre hirvió al ver su enferma sonrisa-. ¡Vamos suéltame!
- Mañana… -vaciló-. Por cierto dame la contraseña de la caja fuerte –pidió seriamente-.
- Mañana… -le contesté imitándolo-.
Apretó su mandíbula y pisó con fuerza mis pies aumentando poco a poco. Grité fuerte notando mis huesos doler escuchando y sintiendo crujidos.
- ¡¡Ah!! ¡Para! ¡¡Para por favor!! –suplique gritando retorciéndome de dolor, pero él no paro-. ¡La contraseña! ¡¡Es seis, dos, cinco… tres… ocho… cero!!
Levantó el pie dejándome aquella zona mal herida…
- Bien hecho poli –me felicito y sonrió yéndose sin cerrar la puerta-.
Al rato a pareció con un plato, un vaso y servilletas. Se acercó sentándose enfrente y dejó el plato en el suelo. Huevo con patatas fritas. Lo miré con asco, seguro que lo había envenenado.
Cogió con un tenedor unas cuantas patatas y lo acercó a mi boca.
- Come poli… -susurró sin nada de maldad, algo que me sorprendió-. Leer más »
4 Comentarios

















.::Recent Coments::.