La anciana cargando al recién nacido mira impactada a Simone quien con suma indiferencia habla de su hijo.
- ¿Por qué hablas así de tu niño? ¿Qué pasa muchacha?
- Por culpa de ese niño mi padre se murió.
- Pero como va a tener culpa este inocente en la muerte de tu padre.
- La tiene. Si él no hubiera sido engendrado mi padre jamás habría enfermado.
- Pero si te fijas bien niña, la culpa es tuya y del padre de esta criaturita.
- ¿Y de nosotros por qué? – Pregunta muy molesta Simone.
- Porque ustedes le dieron vida a este inocente. Si ustedes no lo hubieran concebido, tu padre no hubiera tenido ningún enojo y aún estuviera con vida.
- ¡Quiere decirme que yo mate a mi padre!
- No muchacha, sólo quiero que veas la realidad y no trates de culpar a un inocente por algo que él no tiene culpa. Aquí nadie es culpable, tu padre de un momento a otro iba a morir, dices que toda su vida padeció del corazón su salud por lo tanto era inestable.
- Pero es que no podía morir así, no ahora.
- La vida es así niña y ahora debes aprender a vivirla por ti sola.
Simone volvió a ver al pequeñito con ojos recriminativos, dio un ligero respiro y se dio vuelta en la cama dándole la espalda a su hijo, cerró los ojos y resbalo algunas lágrimas hasta que al fin cansada de tanto lamentarse se quedo dormida.
- Bebé que se me hace que la maternidad me llegó demasiado tarde – Agrega la anciana presintiendo que Simone no fungirá como mamá del niño.
El bebito comenzó a llorar y llorar en ese momento, Simone se despertó asustada ante los gritos del bebé.
- ¿Qué tiene ese niño? – Pregunta muy molesta.
- Tiene hambre niña, debes darle de mamar.
- Yooo… y arruinar mis hermosos pechos, eso nunca.
- Debes hacerlo niña, sino el bebé morirá.
- Y a mí que me importa, que se muera.
- No hables así niña, por favor el bebé necesita alimentarse. Dime, acaso no te da ternura este bebito tan precioso que te ha regalado la vida.
Simone medio lo vuelve a ver y con gran cara de fuchila dice:
- Pues no, ese niño no me inspira más que desprecio. No lo quiero, pero a usted si parece gustarle, así que se lo regalo es suyo.
- ¿Qué dices niña?
- Lo que oyó, le regalo a ese mocoso.
Muy doliente aun Simone intentó levantarse de la cama.
- ¿Qué haces niña?
- Me voy de aquí, tengo que ir a casa con mi padre, su cuerpo esta tirado sobre la alfombra, él merece una santa sepultura además de mi compañía en este momento.
- Quien te necesita en este momento es tu hijo.
- Ya le dije que ese, no me importa. Me voy a casa.
Simone se levanto de la cama con gran dificultad, caminando muy despacio se dirigió a la puerta y desde ahí dijo:
- Gracias por su ayuda señora.
- Niña por favor recapacita, no te vayas.
- Adiós – Expreso Simone cerrando la puerta marchándose de regreso a su casa. No le importo escuchar el llanto de su hambriento hijo.
- ¿Y ahora que hago contigo pedacito de cielo? – Se pregunto la anciana preocupada.
Simone llegó muy cansada a su casa, al ver tirado sobre la alfombra el cadáver de su padre se lanzó sobre él y empezó a llorar incesantemente.
- Papá, no tenías que morir así, no sabes cuánta falta me vas a hacer. Te amo – Dice entre sollozos mientras abraza el inerte cuerpo.
Tomando fuerzas se levanta y toma el teléfono, con sus manos temblorosas marcó a las oficinas forenses para que llegaran a hacer el reconocimiento respectivo del fallecido.
Varias horas tuvieron que pasar para que los forenses se hicieran presentes, la espera fue larga para Simone hasta que llegó el frío y duro momento en que le hicieron entrega del féretro con el cuerpo del que en vida fuera su amado padre. Sola con su dolor le dio cristiana velación a su padre en las instalaciones de la morgue pues no quería estar en la casa donde fue tantos años feliz en su compañía.
Los empleados sintieron mucha compasión de la joven que en toda la noche no paró de llorar, se enfoco en su padre olvidando que estaba rodeada de muchos más muertos. El sitio era lúgubre pero más lúgubre tenía Simone su alma. Reuniendo dinero entre todos, los compasivos empleados le compraron una corona de flores para adornar la tumba de su padre. Simone muy acongojada les agradeció tan hermoso gesto pues hundida en su dolor ni de comprar flores se había acordado.
La marcha fúnebre salió camino al cementerio, un auto particular en el que trasladan a los cadáveres los forenses llevaron el cuerpo del padre de Simone hasta su última morada. El motorista y la recién madre fueron los únicos en asistir al entierro.
- Debes ser fuerte niña.
- Si lo sé señor, pero creo que no podré. Sin mi padre no puedo continuar.
- Tienes toda una vida que vivir, no puedes hablar así – Agrega uno de los trabajadores que acababan de enterrar al padre de Simone.
- No tengo nada que valga la pena seguir viviendo esta vida, estoy completamente sola.
- ¿Acaso no tienes familia?
- Mi única familia era mi padre.
- Vamos niña te iré a dejar a tu casa – Dice amablemente el motorista del auto forense quien siente gran lástima por la chica.
- Gracias señor, se lo agradezco – Agrego Simone terminando de colocar sobre la tumba la corona de flores que tan bondadosamente le habían obsequiado.
Luego de contemplar y llorar unos minutos más a su padre, Simone partió del cementerio de regreso a su enorme y solitario hogar.
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